La compañera de celda de Ana Julia lo cuenta todo

Ana Julia, la asesina confesa del pequeño Gabriel ya está en la cárcel. Nada más entrar, los funcionarios del centro penitenciario le pusieron vigilancia veinticuatro horas al día, siete días a la semana. Se trataba de otra reclusa, argentina, de confianza y con un pasado no menos oscuro: condenada por homicidio de su marido. Su edad: más o menos la misma que la dominicana, unos 45 años.

Se llaman vigilantes sombra y son presos de confianza de los funcionarios de las cárceles. Se emplean para vigilar a otros presos con riesgo de suicidios o maltratos. Les acompañan al baño, comen con ellos, cenan, duermen, etc. Pero cuando todo iba bien con la ‘presa sombra’ ésta dimitió y ahora las reclusas se turnan i cada día duerme con Ana Julia una diferente.

Un funcionario de la cárcel de Almería, donde se encuentra Julia, cuenta que que lleva muchos años pasando de cárcel en cárcel pero que nunca había sentido tanto miedo como ahora. Había estado con asesinos, terroristas de ETA y delincuentes muy peligrosos, pero lo de asesinar un niño con esta frialdad nunca lo había vivido y está aterrorizado.

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